· 

Las cantaoras guapas

     Hoy vamos a hablar de piropos, feminismo, superficialidad en la sociedad actual, respeto y valores morales. Así que quien no esté interesado ya puede ir dejando de leer. Quien en general sea hombre (o mujer) de una sola opinión, ya puede ir cerrando esta página y dedicándose a leer y ver en la tele lo que ya sabe que concuerda con su idiosincrasia y su forma de ser, y así no tiene que indignarse por nada. Porque hoy también vamos a hablar de tener empatía, de comprender a los demás, de ceder y de buscar puntos en común. Y para eso siempre hay que tener una actitud y una disposición general a mirar distintos puntos de vista, y parece ser que hay muy poquito de eso en la era de Internet y la polarización de opiniones (tenemos más información que nunca, pero los algoritmos de Facebook e Internet se dedican a mostrarnos sólo la que ya concuerda con la que ya pensamos y opinamos, separándonos cada vez más de los que no piensan como nosotros).

 

     En fin, cambiamos de tercio, que se me va el santo al cielo. Imaginen que yo, como guitarrista solista, acabo de dar un concierto increíble en el centro cultural de mi barrio, estoy empezando en esto pero ya apunto maneras y me dan la oportunidad de dar un recital. Me preparo como nunca porque sé que es una de mis primeras actuaciones, por así decirlo, “serias”. Estudio las dos semanas antes una media de cuatro o cinco horas al día. Toco en directo “Ímpetu”, toco el zapateado de Paco, la taranta de Vicente, la guajira de Antonio Rey y unas cuantas obras más de esas que son prácticamente imposibles, de las que normalmente tocamos sólo en nuestra casa y nunca delante de otras personas. Llevo composiciones mías. Mi estilo es personal y original, me ha llevado años poder llegar a elaborar temas en los que hablo con voz propia y otros tantos meses atreverme a tocarlos delante de gente. Toco a rabiar de bien. Me cantan “oles”. Me dicen guapo… Acabo una obra y me pongo a hablar un poquito para explicar los temas y me dicen “ole los guapos”. Bajo del escenario y me dan la enhorabuena todos por lo guapo que estoy.

     ¿Me seguís, verdad? Vais viendo por donde van los tiros. “¡Ole los que tocan bien!”. “¡Ole las guapas!”. “Qué guitarrista más preparado tenemos, tan joven y con tanto talento, ya haciendo sus pinitos”. “¡Qué bailaoras guapas tenemos en la compañía!”.

Pongamos que esto no va de machismo ni feminismo. Pongamos que va sólo de respeto y de empatía y de ponerse en la piel de los demás. Hay un fenómeno que se produce a nivel psicológico en todas las personas y que es muy simple y muy fácil de entender: si recibimos exclusivamente piropos acerca de una única cualidad nuestra, durante toda la vida, no sólo nos hacemos a la idea de que poseemos esa cualidad (eso está bien), sino que nos creemos que no tenemos ninguna otra (que eso está mal).

(A la izquierda, foto realizada por Struny Podzimu a Estrella Morente, cantaora guapa que ha heredado, recreado y adaptado a su personalidad los cantes de la Niña de los Peines, Vallejo y Morente, entre otros, que ya cantaba por levante a los cuatro años de edad, Embajadora de Andalucía por el Instituto Andaluz de la Juventud, disco de platino y de oro y ganadora del Premio Ondas a la Mejor Creación Flamenca).

 

 

     Los piropeadores (o piropeadoras) muchas veces se molestan porque las “chicas de ahora” se enfadan porque les dicen guapas. “¡Si yo le he dicho que está guapa, que es algo bueno! Qué asquerosa, qué desagradecida, qué seca, qué borde, que se enfada porque le digo guapa”. Bueno, por un lado, yo creo que las piropeadas también tienen que (en cierto modo) comprender eso. Que en este cambio y adaptación social hacia la igualdad entre hombres y mujeres, nos encontramos en un escenario con muchas sensibilidades distintas. Que unos la interpretan de una u otra manera. Que incluso las feministas discuten entre ellas y los machistas discuten entre ellos por no ponerse de acuerdo. Llevamos miles de años acostumbrados a un modelo social en el que a ellas se les ha alabado por su físico en un noventa por ciento y por el resto un diez por ciento (inteligencia, personalidad, carisma, éxito, proyección de futuro, sentido del humor) y a nosotros justo al revés. El piropeador (o insisto, piropeadora) no tiene una intención negativa cuando no está reparando en cómo has cantado o has bailado o en cómo te expresas y muestras personalidad en el escenario, sino que sólo te dice lo guapa que estás. El piropeador repite la fórmula social que ha visto en sus padres y sus abuelos y su entorno cercano. Cree que está haciendo algo bueno. Y cuando se enfadan con él por hacer un piropo, pues él se enfada más aún, y ahí es cuando se polarizan las opiniones y no se llega a un entendimiento.

     Yo en general soy de los que cazan moscas con miel (aunque es cierto que va con cada uno, cada persona puede convencer de una determinada manera, tiene un carácter u otro, a cada cual su guerra). Pero yo en particular soy más de ponerme en la piel del otro y explicarle lo que yo veo y creo que él no está viendo. Por eso escribo, para explicar y que comprendan lo que yo pienso, y a la vez eso me ayuda a comprender a mí. Yo hoy quiero explicarle a quien quiera leerme que no, que no es eso, que el problema no es que esté mal llamar guapa a nadie, que ser guapa es algo bueno, que ser sexy es maravilloso, que no es superficial ni vulgar ser guapa, ni siquiera estar buena. Es una cualidad a apreciar y admirar. La sensualidad no es menos que la inteligencia o que la bondad. También es parte de la persona. Quiero explicarles a los piropeadores que eso no es lo malo en sí mismo, que no se enfadan con esos piropos porque sí… Se enfadan porque son los únicos. Ser guapa/o es genial, pero se vuelve asqueroso si es LO ÚNICO QUE VEN. Y más aún si eres un artista que se sube a un escenario. ¿No es para tanto? Bueno, vale. ¿Les dicen otros piropos? Bueno, vale. ¿Tú no haces eso? Genial, nadie ha dicho que lo hagas. ¿Crees que es una exageración, una locura histérica feminazi? Que estamos haciendo una montaña de un grano de arena, que es una cosa normal, que las chicas siempre han sido más coquetas y se ponen guapas y son ellas mismas las que disfrutan con eso… Bien, el modelo social ha sido así tradicionalmente. Pero con un porcentaje tan alto de mujeres que no están cómodas en esa situación, algo raro hay… ¿El porcentaje no es tan alto? ¿Son cuatro? Vale, vale, son tus argumentos. Yo con este escrito no puedo demostrarte lo contrario. Sólo puedo decirte la verdad: que en mi experiencia personal no he visto que sean tres o cuatro casos, sino la mayoría, y que es bastante exagerado lo que se ignoran todas las cualidades de una artista, ensalzando únicamente su aspecto físico.

(En la imagen de arriba, foto de Pedro Valeros a Rocío Márquez, cantaora guapa ganadora de la Lámpara Minera del Festival del Cante de las Minas en 2008, referencia absoluta en la innovación del cante flamenco en el siglo XXI, destacada por la técnica impecable y la exquisitez y sensibilidad de su voz, su creatividad y su diversidad artística a la hora de realizar proyectos).

 

     No lo ves en tu entorno, no te parece así? De acuerdo. Yo no trato de estigmatizar ni culpabilizar a nadie. Hagamos un trato. Vosotros y yo. Piropeadores y escritor que se mete en camisas de once varas. Yo a partir de ahora estoy alerta y atento a ver si pasa lo contrario de lo que yo digo, si en el escenario y al subirse y al bajarse de él, se les grita “¡qué voz tienes!”, más veces o las mismas o con la misma importancia con la que se le dice "¡guapa!", y vosotros os fijáis y estáis alerta a ver si pasa lo que yo digo. Que de cada veinte “qué guapísima mi niña” hay un “qué bien has cantado”. Que no pasa nada, que ser guapa es bueno. Y yo no digo que se le deje de llamar guapa a nadie. Ni digo que se me dé la razón. Ni que yo sea el más indicado para hablar del tema, que no lo soy. Sólo digo que las sensibilidades de la sociedad están cambiando muy rápido y que la actitud que debemos de tener es la de fijarnos, la de pensarnos en por qué o a quién o cómo puede molestar lo que decimos. Por qué hay tanta crispación, tantos nervios. Por qué molesta tanto algo que creíamos que era positivo. Sólo digo que lo pensemos, que le demos una vuelta. Nada más.

 

(A la derecha, foto de Eduardo Parra a Rosalía, cantaora guapa que es a la única a la que le hablan antes de su arte que de su físico, porque se dedican a insultarla sin ton ni son, pues por desgracia en este contexto social lo único que nos dedicamos a lanzar antes que los piropos sobre el físico son los insultos).

 

     Porque, sinceramente, es imposible que no nos demos cuenta de que esto ocurre si nos paramos a pensar en ello. Estoy seguro de que hay una gran cantidad de personas que cambiarán mucho su actitud y su forma de verlo si sólo se paran a pensarlo. Si se fijan en cómo puede sentar a la otra persona lo que dicen. A una cantaora que lleva ensayando los tonos y los giros de Morente un año porque lo adora, y le agrega sus gestos y sus dinámicas personales, su sello, y se baja del escenario y le dicen guapa. Y ella piensa, “joder, qué mal he cantado”. Al menos yo lo pensaría si me pasara a mí.

 

     Pero sí que es verdad que hay dos diferencias fundamentales con respecto a mí y esta hipotética cantaora.

 

     La primera, que yo no canto.

 

     La segunda, que a mí cuando salgo del escenario me dicen lo que les ha gustado de la actuación, o lo que no. Pero no me dicen lo guapo que estoy.

 

     Será por eso, ¿no?

 

     Porque no canto...

Escribir comentario

Comentarios: 0